Sobre este blog

En casos extremos algunas almas se pierden durante un tiempo en un estado de coma o estado vegetativo, mundo fascinante y desconocido que me gustaría poder dar a conocer aquí. A través de una historia real, llena de esperanza, y de un libro.
Algunas personas consiguen despertar del coma, otras no. Pero me consta que, independientemente del desenlace, utilizando
el "coma work" que describe el libro, al menos se las puede ir a buscar y llegar a comunicarse con ellas.
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jueves, 11 de julio de 2013

Reencuentro

Tras casi un año de ausencia física y sin noticias por parte de la familia, he vuelto a ver a Mirian. 
Hace ya un año que me trasladé a vivir a España, razón por la que he abandonado un poco este blog, blog que no tiene ni sentido ni continuidad sin Mirian cerca. Ahora que estoy pasando unos días de vacaciones en Francia, no podía irme sin intentar verla y saber de ella. Y claro está, contarlo.



Con esa idea en mente llamé hace unos días por teléfono a su madre.  Por suerte, su teléfono sigue siendo el mismo y respondió a mi llamada - aunque hube de intentarlo varias veces. Me dijo que ya no estaban en el hospital, puesto que hace varias semanas las instalaron en un en una ciudad francesa fronteriza con Ginebra. Le pedí que me enviara su nueva dirección, con la intención de ir a visitarlas en cuanto encontrara un hueco. Y me fui ayer mismo a verla en compañía de Rosa, gran amiga de Mirian.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Dos buenas noticias al mismo tiempo



 
Esta semana he recibido simultáneamente - cuando yo menos me lo esperaba - dos estupendas noticias.

Una acaba de ser publicada en la prensa de distintos países. Y cuenta como un canadiense, en coma durante 12 años, ha sido capaz recientemente de comunicarse con sus médicos : 

Articulo en el País
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/13/actualidad/1352805740_675746.html


Articulo en "The Scientist" 
http://www.the-scientist.com/?articles.view/articleNo/33264/title/An--Unconscious--Man-Talks/ 
Articulo en BBC News
http://www.bbc.co.uk/news/health-20268044 
Documental en BBC One http://www.bbc.co.uk/programmes/b01ny377

La otra ha sido una inesperada llamada telefónica, desde Francia, en la que me han comunicado - tras varias semanas de incomunicación - los últimos y enormes progresos de Mirian. Progresos importantes tanto en su estado anímico como en su estado físico. 

La primera es algo extremadamente importante que supone gran un paso adelante, puesto que la comunidad científica ya tiene las pruebas de que algo así, por increíble que parezca, es posible. Y quizá eso suponga que en el futuro se van a dedicar más recursos a investigar en este tema. Y que en poco tiempo la comunicación con los pacientes en estado vegetativo será algo corriente y no cosa de unos pocos locos.

La segunda tiene sin duda un menor alcance, pero para mi tiene una gran importancia. La hermana mayor de Mirian, la misma que estuvo con ella cuando sufrió el accidente y vivió a su lado los momentos mas duros, a la que yo conocí personalmente, ha vuelto a Ginebra con una Visa de tres meses. Y pasará con ella esta Navidad, dando así un necesario descanso a su madre. Según mis noticias Mirian ya se mueve sola en su silla de ruedas, incluso se hace sus escapadas al jardín y las enfermeras tienen que ir a buscarla. Hasta logra dar algunos pasos con la ayuda de un andador. Su moral es buena, habla mucho y bien, e incluso recuerda cosas del pasado. Ya ha empezado a hablar de la epoca que estuvo en coma, comentando detalles importantes. Creo que incluso quería ponerse a bailar el día que su amiga Rosa le llevó unos músicos bolivianos al hospital y tocaron para ella. 


jueves, 12 de julio de 2012

Ultimas palabras

Este blog empezó hace18 meses con una entrada titulada "Primeras palabras, días después de que Mirian me dijera sus primeras palabras. Las primeras palabras que ella me dijo tras haber pasado todo un año inmersa en el silencio del coma.  

Uno sabe con certitud cuando es su primera vez de algo, pero nunca sabe cuando será la última. A pesar de ello, creo que hoy me corresponde escribir una entrada,que no sé si será la última, titulada "Ultimas palabras".  Porque es muy posible que hoy haya sido la última visita que yo le haga a Mirian y que las de hoy hayan sido las últimas palabras que ella me diga. 

sábado, 16 de junio de 2012

Un gran paso adelante

He visto a Mirian hace un par de días y he vuelto a constatar como sigue progresando. 

Ayer mismo la trasladaban al hospital para cerrarle definitivamente su vía gástrica, después de casi 3 años abierta. Ya come y bebe perfectamente por sí misma y por lo tanto no la necesita. A mí me parece que ése es un paso muy importante en su recuperación y así se lo dije, a lo que ella asintió sonriendo.  También le han disminuido mucho la medicación,  dejándole una sola toma por la noche, aunque no he  logrado averiguar los detalles de las medicinas que necesita y con qué objetivo. Desde luego ella ya no tiene dolores de ningún tipo y además  ahora las enfermeras la  llevan al cuarto de banyo en su silla de ruedas, cada 2 horas. Aun lleva protección, pero obviamente con esa rutina cada día la necesitará menos.  Afortunadamente Miriam  sigue sin pedir cada minuto que la cambien o que la acuesten, lo que hace pensar que esa fase tan difícil ya ha quedado atrás definitivamente. Ahora se pasa todo el día tranquilamente sentada en su silla y no protesta por ello.  Por cierto, vi que le han adaptado a la silla una especia tableta donde puede comer,  poner objetos, etc. También vi  en su planning que empezar con una hora de arte-terapia la semana próxima, como ella misma había solicitado.

A pesar de las buenas noticias y los progresos yo la noté poco comunicativa, con la cabeza baja, como cansada. Al decírselo ella me dijo que había dormido mal la noche anterior y no entramos en más detalles.  Desde luego no parecía tener ninguna gana de hablar y yo lo respeté.





 

domingo, 27 de mayo de 2012

Cada día un poco mejor

En mi última visita encontré a Mirian en su habitación, vestida y sentada en su silla de ruedas, al lado de su madre. Según me dijeron acababan de dar un largo paseo por el jardín. Tenía buen aspecto, con el pelo limpio, suelto y ya muy largo, y parecía bastante tranquila y complaciente. Al verme no me pidió que la echara en la cama ni que la cambiara, lo que me sorprendió favorablemente. Y además me habló directamente en castellano.
Apagué la tele y me senté a su lado, pidiéndole que me contara como iban las cosas últimamente.  Con voz algo apagada y pausadamente, sin muchas ganas de conversar, me dijo que todo iba bien, que se sentía tranquila. Entonces yo fui haciéndole diversas preguntas y ella me fue respondiendo sucesivamente a cada una de ellas:  que ya no tiene dolores, que está bien, que come bien, que bebe bien... Le pregunté cómo iba de movimiento y me mostró cómo mueve su brazo izquierdo (el malo). Al preguntarle si podría irse ella sola en la silla hasta el pasillo, sin decir nada hizo una demostración práctica delante de mí. Aun no puede empujar la silla con su brazo izquierdo, pero se las apaña perfectamente para maniobrar y avanzar en línea recta,  utilizando solo el brazo derecho y ayudándose con los pies.

Celebré sus logros, y también lo contenta que estaba de que no me hubiera pedido varias veces que le cambiara la protección, como hacía antes. Ella sonrió, sin más.  Le pregunté si seguía  triste y negó con la cabeza, diciendo que estaba tranquila.

sábado, 12 de mayo de 2012

Primeros pasos


La semana pasada estuve de nuevo con Mirian. Según llegaba encontré a su madre en el pasillo, sentada, charlando animadamente con otra mujer, en castellano. Y me alegré por ello, porque cuando pienso en las horas que esa mujer se pasa en ese hospital, y sola, me entran escalofríos. 




La saludé rápidamente para no interrumpir su conversación,  y seguí hasta la habitación para ver a Mirian. Era mediodía, pero me la encontré tumbada en la cama, de espaldas, encogida. Y me pareció extraño en ella y a esa hora. Hablando bajito por si dormía, le pedí permiso para entrar. Ella respondió con un movimiento de cabeza, me acerqué y me dijo que me quedara con ella. 


Charlamos un rato. Le pregunté si estaba triste, y me dijo que sí. Le pregunté  la razón y me dijo que por su hermana, pero nada más. Luego supe por su madre que a su hermana por fin no le renovaron el permiso y que ese mismo día, temprano, había tenido que volverse a Bolivia. Aunque la esperanza es reunir todos los papeles para lograr volver lo antes posible, ésta vez con un contrato de trabajo.

viernes, 20 de abril de 2012

Pocas novedades, nuevas experiencias


Ayer visité de nuevo a Mirian, tras un par de semanas sin verla durante las vacaciones escolares. La encontré en su habitación, con su madre. Estaba vestida, bien peinada  y sentada en su silla, con una posición bastante erguida. La tele estaba apagada, pues ambas acababan de llegar de un pargo paseo por el jardín, a pesar de la lluvia.

Nada más verme me cogió la mano y me dijo, en francés, que si podía echarla en su cama. Sigue teniendo la manía, que resulta cada vez mas agotadora para su madre, de pedir constantemente o bien que la echen o bien que le quiten el pañal. ¡Es como un disco rayado!

 Le expliqué que yo no podía ayudarla, puesto que no era enfermera. Y que además a ella le venía bien estar sentada para mejorar su tonicidad muscular. Te escucha atenta, lo entiende,  se conforma, asiente con la cabeza, dice "bueno"... pero vuelve a la carga en pocos segundos.  

En esto llegaron dos enfermeras, y su madre y yo nos salimos de la habitación. Aproveché para enterarme de las novedades. No ha habido muchas, pues durante las épocas de vacaciones (y los fines de semana) el nivel de actividad en general en los hospitales se resiente bastante. En resumen, sigue comiendo muy bien y están pensando en cerrarle ya la vía definitivamente. Aunque aun buscan que sienta más ganas de tomar líquidos de manera natural (sed),  sin tener que estar insistiendo para que beba. No ha aparecido ningún síntoma de agresividad y la medicación se la están reduciendo bastante en ese sentido. 

domingo, 25 de marzo de 2012

Primer día de una nueva primavera

En mi última visita, uno de esos preciosos primeros días de una nueva primavera, me encontré la habitación de Mirian vacía.

Sí estaba la tele encendida, en un canal de televisión española, y como yo no sabía cuánto tiempo estaría fuera, dependiendo de si estaba en alguna terapia, en el baño, en algún examen médico o simplemente dando un paseo, llamé a su madre al móvil. Ella respondió enseguida y me dijo que estaban tranquilamente dando un paseo por el jardín, así que fui a su encuentro para no perder tiempo. 

El jardín de este nuevo hospital es enorme, hay muchos senderos y muchos bancos de muchos colores por todas partes. Era un día soleado, ya empezaban a salir bastantes flores y en medio había un gran estanque donde no solo se veían peces y patos, sino también una enorme tortuga que tomaba el sol tranquilamente encima de una roca. Las encontré enseguida. Además de ver a Mirian guapa, con el pelo limpio y bien peinado, enseguida me di cuenta de que ese día estaba de buen humor, incluso charlatana. Tal y como era ella habitualmente hace tan solo unos meses.

Terminamos el paseo, les enseñé la tortuga,  y algunos minutos después volvimos a la habitación, pues según su madre se acercaba la hora de su sesión de fisioterapia. 

sábado, 10 de marzo de 2012

Más mágicas coincidencias y nuevas esperanzas

Ayer volví a ver a Mirian  en el nuevo centro hospitalario donde la han trasladado recientemente. Pero no solo éso: ayer también vi, allí mismo, a una mujer excepcional con la que estuve charlando un buen rato.  

En la entrada anterior a ésta "Un cambio inesperado", conté cómo acudí hace una par de semanas a una reunión un tanto especial. Alentada por mi curiosidad tras leer un libro llamado "Estados Alterados de Conciencia", libro que vi expuesto en una librería, compré y leí. Libro que resultó estar escrito por dos personas que viven en Ginebra y que organizan este tipo de reuniones periódicamente. A ellas acuden personas de toda edad y condición, y allí comparten experiencias  vividas y relacionadas con distintos tipos de estados alterados de consciencia. Allí, en mi primera reunión, coincidí con  una mujer que, como yo, iba por primera vez y más por curiosidad que por otra cosa. Creo que ambas estábamos algo intimidadas y sorprendidas al escuchar unas experiencias un tanto "diferentes", que ninguna de nosotras habíamos experimentado nunca. Ella, valientemente, se atrevió a intervenir en un momento dado. Contó que es argentina, médico, y que ejerce en Ginebra desde hace varios años tras haber trabajado otros tantos en EEUU, muy ligada al mundo de los cuidados paliativos. Yo, tras escucharla,  me animé a hablar de Mirian y del coma. Ella se tuvo que ir antes de terminar la reunión, pero no lo hizo sin antes darme su tarjeta y pedirme que la contactara en privado.  Este encuentro ocurría precisamente el mismo día que  trasladaban a Mirian al nuevo hospital, aunque yo entonces no lo sabía. De hecho yo me enteré de la sorprendente noticia del traslado al llegar a casa justo después de la reunión, ya bastante tarde. A través de un mensaje que la hermana de Mirian había dejado en mi contestador, informándome del traslado e indicándome el número de habitación y el nombre del hospital.

sábado, 25 de febrero de 2012

Un cambio inesperado

Ayer viernes volví a ver a Mirian, y a su madre. Y desde la última vez ha habido algunos cambios, tan inesperados como positivos.

Antes de empezar diré que el jueves por la noche yo llegué bastante tarde a casa. Acudí a mi primera reunión con Noesis, un grupo de personas que se reúne una vez al mes, en Ginebra, para compartir experiencias. En la mayoría de los casos son experiencias relacionadas de alguna forma con  la muerte. Yo les conocí a través de un libro llamado "Estados alterados de Consciencia", que un buen dia vi y me compré, sin más, deambulando por FNAC. Al leerlo y saber que sus autores viven en Ginebra, y que han formado este grupo que me pillaba tan cerca, me fui por allí a meter mi curiosa nariz. La reunión fue muy interesante y duró más de 3 horas. No voy a contar nada de lo que se contó allí, sencillamente porque pertenece a la intimidad de la gente. Si diré que había unas 25 personas de toda edad, sexo y condición. Gente de lo más normal, contando cosas increíbles que en algunos casos habían callado durante años y no habían compartido ni con su entorno habitual más cercano.  Me impresionó mucho de lo que allí se dijo, y también la calidad de la escucha. Allí hablaba el que quería y cuando quería, sin moderador, y todo el mucho escuchaba al que hablaba con auténtica atención.  ¡Ojalá en las miles de reuniones de trabajo que se hacen a diario en todo el mundo se escuchara con una calidad en la atención la cuarta parte de buena que la que allí existía!! 

lunes, 6 de febrero de 2012

Una visita sin más

El viernes volví a visitar a Mirian, y esta vez me la encontré en su habitación pero no echada en su  cama y en pijama sino ya vestida, calzada y sentada en su silla de ruedas, enfrente de la tele encendida.No había nadie más allí, excepto un hombre que hacia la limpieza y que me pidió esperar fuera hasta que se secara el suelo. 
Cuando el suelo estuvo seco me acerqué, apagué la tele sin preguntar, me senté a su lado y pregunté por las últimas novedades. Mirian me respondió en francés,  hablando menos claro que de costumbre  y pareciéndome un tanto apagada y desganada. Incluso su mirada me pareció mucho menos viva que antes. No sé si es su estado de ánimo actual, el efecto de la medicación o ambas cosas.




Intente darle conversación, pero fue mas difícil que nunca. Ella seguía hablándome en francés, y pidiéndome insistentemente que la echara en la cama. Le expliqué que yo no era enfermera y que no podía hacerlo sin su permiso y ayuda, así que iba a tener que esperarse. Aunque ella afirmaba con la cabeza y decía "d'accord" mansamente, al poco rato volvía a la carga.  

domingo, 22 de enero de 2012

Primera salida

Ayer estuve de nuevo con Mirian, tras una pausa navideña de varias semanas.
Cuando llegué ya había pasado mediodía y la encontré en su habitación, donde su madre miraba la tele. Ella estaba de espaldas a la puerta, arrebujada en su cama, en pijama y con la alimentación puesta. Su compañera de habitación no estaba. Al ir saludar a su madre ésta me dijo por señas que Mirian acababa de dormirse.

 Me acerqué a la cama lo mas silenciosamente que pude . Mirian abrió un ojo, y se dio la vuelta poniéndose boca arriba. Sonrió levemente y al preguntarle que si quería dormir me dijo que no.
Entonces me senté a su lado y pregunté por las últimas novedades. Mirian hablaba menos claro que de costumbre y además parecía un tanto apagada y desganada. Le pregunté que si estaba triste y respondió que sí.  Al preguntar la causa de su tristeza me dijo "por mi hermana y por mi país". Intenté charlar con ella, le pregunté por la Navidad y por sus regalos y me dijo que había recibido un libro.  Al preguntarle el título respondió sin titubear "Cien años de soledad".  Al preguntarle su autor se equivocó, dándome el nombre de otro escritor, pero al corregirla yo con la primera silaba ella supo responder con el nombre correcto. Al preguntarle por el nombre del pueblo donde transcurría la historia se volvió a equivocar, pero de  nuevo volvió a auto-corregirse al darle yo la primera silaba.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Vuelta a empezar

El viernes volví visitar a Miriam, en la que será mi última visita de este año 2011 antes de irme de vacaciones. Un familiar me comunicó hace unos  días por email desde Bolivia que Mirian por fin había sido trasladada de nuevo al hospital donde ha pasado todo este año, de donde la sacaron hace unas semanas de forma un tanto inesperada para ingresarla primero en un psiquiátrico y luego en un geriátrico. El  argumento que han dado los médicos es que así podría recuperar las terapias de rehabilitación que en el otro centro no ofrecen. Así que esta última visita ha vuelto a ser en el mismo lugar donde, por estas fechas el año pasado, Miriam me dijo sus primeras palabras. En el último mes la he visitado 3 veces, y cada vez he tenido que ir a un sitio distinto. Desconozco los argumentos médicos, pero no puedo evitar tener la sensación de que últimamente se la van pasando de mano en mano, como la falsa moneda...

 
Cuando llegue me la encontré sentada en el hall, acompañada de su madre y su hermana, mirando a la pared.  Al acercarme vi que estaban conectadas a internet, en un puesto fijo que ha instalado el hospital, leyendo el email de su hermana. Había recibido un carta para Miriam y se la estaba leyendo en voz alta. Le di a Miriam una caja de bombones que llevaba para ella y me retiré enseguida, por discreción, para dejar que leyesen tranquilas y en la intimidad. 

viernes, 9 de diciembre de 2011

Vuelta a la normalidad


Normalidad. Que concepto  tan relativo, ¿no? Claro que en realidad todo lo es de alguna manera...

Sin duda es "normalidad" la palabra  que mejor define la sensación que me invadió tras mi última visita a Mirian, ayer mismo. Llamé a su madre antes de ir para no hacer un viaje tan largo en vano,  y por suerte ésta vez sí tuve respuesta antes de salir.  Me confirmó que sigue ingresada en el geriátrico donde yo la vi por última vez, así que me puse en camino. Cuando llegué a su habitación me encontré a su madre sentada, sola, haciendo punto,  pero no estaban ni Mirian ni su cama. Se la habían llevado hacia una hora a hacerle unas pruebas, pero ella ignoraba por cuanto tiempo, de qué tipo ni con qué objetivo. 

Me dio pena no poder verla, pero ya que estaba allí aproveché para charlar un rato con su madre e intentar hacerme una idea de la situación. La idea que me hice es que Mirian está mucho mejor, seguramente ayudada con algo de medicación, pero desde luego ya ha vuelto a ser la que era antes del episodio del psiquiátrico. No queda ningún rasgo de agresividad, come bien, bebe líquidos, y charla como antes. Tiene fisioterapia a diario, y un psicólogo que va a verla de vez en cuando.  Tiene una habitación individual, sencilla, pequeña, sin tele ni baño. Pero ambos están disponibles en varias salas comunes cercanas, lo que por cierto combate el aislamiento y ayuda a la socialización con otros enfermos y familiares.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Primera visita a un psiquiátrico

Sabiendo que en Bolivia esperan ansiosos noticias, que en gran parte ahora reciben a través de este blog, escribo esta entrada de hoy con muchas prisas, sin muchas correcciones y sin preocuparme de la forma ni de la estética.

Ayer, cansada de esperar a que la familia de Mirian me contactara en algún momento para informarme sobre su traslado,  les llamé yo antes de aventurarme a una nueva visita con muy pocas garantías de éxito.  Por desgracia ninguno de sus dos teléfonos respondía.  Así  que busqué por internet la dirección y las horas de visita (muy reducidas por cierto) y me fui  al psiquiátrico donde se supone que está ingresada Mirian, sin más. Yo nunca había estado en un lugar así, pero siempre hay una primera vez.

El hospital está bastante lejos  de mi casa, tanto como el otro, en las afueras de Ginebra. Al entrar hay una barrera de seguridad, mucho espacio y muchos edificios distintos, algunos conectados y otros no (parece un campus universitario). Vamos, el sitio ideal para perderse la primera vez que vas. Tras buscar el edificio de recepción,  me dirigí a la entrada. Al dar el nombre de Mirian me dijeron que no estaba allí.  Al insistir, enseguida se pusieron a la defensiva, asegurando que no había  allí nadie con ese nombre. Yo  volví a asegurar que ella estaba allí, y sugerí que quizá había un error en el sistema informático.  Con la seguridad que da el saber que algo es cierto, y yo lo sabía a través de un amigo que había ido a visitarla hacia pocos  días.  Me preguntaron su edad, por si yo me equivocaba y ella estaba en un hospital cercano. Al decir 33-34 me dijeron que entonces no podía ser, porque era un geriátrico. Como no salíamos del atolladero, me puse a llamar por teléfono allí mismo a la persona que había ido, pidiéndole instrucciones  y la descripción de como era el edificio.  Ya con la absoluta garantía de que Mirian estaba exactamente allí, y sabiendo que además la persona que fue a visitarla había tenido los mismos problemas en recepción por no tener registrado su nombre, empecé a sospechar que allí había algo muuuuuy raro.  Los suizos normalmente no se comportan así y son bastante eficaces con la información. Ante mi insistencia, y como no me iba, vino otra persona. Quien me dijo que o bien Mirian estaba registrada con otro nombre, o bien alguien no quería que su nombre apareciera en ningún sitio. Yo, desesperada, seguí insistiendo en que tenía derecho de hacer esa visita y que iba e entrar y buscarla por mi misma siguiendo las instrucciones que había recibido por teléfono. Me puse a caminar sin más discusión hacia el interior y creo que sencillamente no se atrevieron a impedírmelo. 

domingo, 13 de noviembre de 2011

¿Última visita?

No he vuelto a ir a ver Mirian desde la última vez que lo conté aquí, hace un par de semanas. Algunos asuntos domésticos  inesperados me lo han impedido.  

Y menos mal que no fui, pues me hubiera dado un largo paseo en vano. Acabo de saber, por Rosa, que me ha llamado hace un rato a casa, que han trasladado a Mirian a otro hospital de Ginebra. No sé mucho más, excepto que parece ser un hospital psiquiátrico, y que es por tanto posible que las horas de visita sean muy limitadas a partir de ahora.

Yo quisiera no estar tan enfadada, pero no lo consigo. Aun tengo que saber que hay realmente detrás de esa decisión, pero lo que intuyo no me gusta nada.  Parece que las recientes reacciones agresivas de Mirian, y la falta de acción y de respuesta  ante las presiones del  hospital para que la familia la trasladara a otro sitio, han debido dar a su administradores la excusa adecuada para ordenar su traslado inmediato a otro  "centro más adecuado a su estado".

Yo no soy su médico, ni su familia. Realmente ni la conocía antes de su accidente. Pero no puedo dejar de creer que ella está siendo tan agresiva porque no está conforme con lo que está pasando. Y apostaría que si se la llevaran a su casa, rodeada de gente cercana, cariño y cuidados,  su agresividad quizá desaparecería, o al menos disminuiría bastante. 

Ya sé que la familia quiere los mejores cuidados médicos para Mirian, y que en Bolivia quizá no haya ni medios ni especialistas tan buenos como en Europa. Y también sé que lo ellos querrían es poder vivir y trabajar aquí, para poder ofrecérselos. Pero mucho me temo que uno no siempre tiene lo que quiere, y que a veces en lugar de luchar para conseguir lo imposible es mejor aceptar la realidad y tirar p'alante de la mejor manera posible con lo que hay. Ignoro cual será esa mejor manera posible para ellos, y tampoco me corresponde decidirla, pero desde luego no con Mirian ingresada en un psiquiátrico de Ginebra, medicada  y con dos horas de visita diarias.

En fin! No sé cómo ni cuándo, ni que podré hacer yo a partir de ahora, pero desde luego intentaré  hablar con la familia y volver a visitar a Mirian lo antes posible, si es que me dejan.  Posiblemente el nuevo hospital me quede algo más cerca y sea mucho más cómodo para mí..Aunque yo desde luego preferiría no volver a verla nunca si con ello pudiera sacarla de ahí y llevarla lejos, muy lejos...!

Me temo que hoy no tengo ganas ni de poner fotos ni de escribir nada más. 
Espero que pronto logre ver a Mirian y que mi próximo post pueda tener un tono más alegre... ojalá así sea!

martes, 1 de noviembre de 2011

Primera visita con niños


Este sábado fui a ver a Mirian, a primera hora de la tarde, y por primera vez me llevé a mis dos hijos conmigo. Acabábamos de llegar de unos días de vacaciones en Lanzarote, y le llevamos un regalito traído de allí: una crema para el cuerpo de aloe vera,  planta muy común en la isla por su clima y que es magnífica para la piel.


Al entrar la vimos de espaldas,  sentada en su silla y enfrente de la tele, adormilada. Con ella estaba tan sólo su madre.
El ruido que hicimos al entrar la sacó de su ensimismamiento, o de su sueño, y le costó unos minutos arrancar. Al principio hablaba bajito, de forma algo inconexa, en una mezcla de francés y castellano difícil de entender. Poco a poco fue recuperando el control, mientras yo le hablaba y le hacía algunas preguntas sencillas de responder. Por el rabillo del ojo yo vigilaba la reacción de mis hijos, quienes ya habían oído hablar de Mirian muchas veces pero nunca la habían visto.

Cuando ví que ya estaba algo más despierta le presenté a toda la familia, nos sentamos a su alrededor y tras darle su regalo comencé a hacerle preguntas para mantener una conversación fluída, aunque sin darle las respuestas. Pronto estuvo animada  y charlatana.  Mis hijos observaban atentamente,  sin participar activamente en la conversación, aunque sí se reían o hacían gesto, indicando que la seguían sin perderse detalle.

jueves, 6 de octubre de 2011

Primera comida - con padre y con cuchara.

He vuelto a ver Mirian. 
Sabiendo que su padre llegaba a Ginebra a finales de septiembre, sin conocer la fecha concreta, quise dejar pasar un poco de tiempo para darle ocasión de llegar, adaptarse al cambio y disfrutar de unos días de intimidad con su hija y su familia, sin testigos.
 
Cuando entré en la habitación vi que estaban allí los cuatro juntos: padre, madre, hermana y Mirian; formando una escena entrañable y familiar, que me costó romper con mi presencia. La tele estaba encendida y sintonizada en una cadena española, con el volumen no muy alto. Mirian estaba sentada en su silla y vestida con ropa de calle (ahora durante el día le quitan el pijama). Comía una especie de flan con sabor a pistacho y además lo hacía ella sola, con cuchara y sin mancharse. Era la primera vez que yo la veía comer - también la primera vez que veía a su padre. Su hermana le sujetaba el flan para que ella pudiera coger las cucharadas con su mano buena, mientras su madre hacia punto y su padre observaba.


martes, 13 de septiembre de 2011

Primera visita tras las vacaciones veraniegas

Tras una larga y reconfortante pausa veraniega  durante la cual yo he abandonado todo lo que he podido, incluido este blog, he vuelto a visitar a Mirian, a la que de alguna manera ya echaba de menos.
 
Cuando llegué no la encontré en su habitación, ni en el pasillo, ni en el jardín, ni en el restaurante. Tardé un buen rato en encontrarla - con creciente inquietud . Las enfermeras estaban reunidas en su coloquio semanal  y los otros pacientes, vecinos de Mirian, o no saben o no logran comunicar lo que sí saben con palabras. Por fin la encontré, con su madre, su hermana y una amiga, en la cabina telefónica que hay en la entrada del hospital, hablando con su familia de Bolivia.

A primera vista la encontré más gordita, con buen aspecto, el pelo más largo y recogido en una coleta alta. Iba bastante abrigada para la temperatura ambiente, como siempre. Esperé a que terminaran su conversación telefónica, y tras saludar nos subimos a la habitación.

jueves, 23 de junio de 2011

Primer intento de conexión a internet

Ayer fui a visitar a Mirian. Con mi ordenador portátil bajo el brazo y un libro de Isabel Allende en mi bolso, envuelto para regalo. Ella estaba en su habitación, sentada en su silla de ruedas, vestida, calzada y acompañada de su madre. Tras saludar a ambas con un beso, me senté a su lado. Mirian tenía buen aspecto, y el pelo limpio y recogido en una coleta. La herida del cuello estaba ya cerrada, sin puntos, destapada y  muy limpia.  Le pregunté cómo estaba y me respondió que muy bien, aunque con un poco de frio. Parece  que ella suele tener una permanente sensación de frio y que debe cubrirse con una chaqueta. Es posible que su sistema de regulación de la temperatura corporal esté aun un poco desajustado...

Le di su regalo y me pidió que le ayudara a abrirlo, ya que aun no mueve su mano izquierda con facilidad. Eso hice, y le entregué el libro ya sin envoltorio, pidiéndole que me leyera el titulo y el autor. El autor lo leyó sin problemas, o mejor dicho la autora (Isabel Allende -  sé que es una de sus preferidas). Incluso comentó que era chilena. El titulo no consiguió leerlo, pues la letra era bastante más pequeña. Es obvio que reconoce las letras y que puede leer palabras con toda facilidad, pero tan solo sin son de gran tamaño. Le leí yo la contraportada, y comentó que la historia le parecía interesante. Dejamos el libro en el armario para que alguien se lo vaya leyendo en voz alta,  poco a poco, durante los próximos días.